enero 26, 2010

"La vida es una oportunidad para cada cosa... es como un juego de ajedrez, pues si no realizas bien tu jugada, puede que te toque perder..." Muchas veces dejamos correr el tiempo con sus horas con sus minutos, sin darnos cuentas de todas las oportunidades que perdemos. Como también vamos aceptando las cosas como vienen, refugiándonos en ese consuelo absurdo de que "el tiempo todo lo cura"... cuando en realidad el tiempo nos da oportunidad de que trunquemos nuestra mala racha o busquemos la manera dulce y optimista de aceptar ciertas cosas, sin alargar la agonía. Mientras la rutina nos va envolviendo cada día y mientras mas crecemos, mas parece que nos vamos acostumbrando a los golpes, a las caídas y frustraciones, olvidándonos de tantas cosas que se debería recordar; como por ejemplo que la vida es una sola, que el tiempo no espera y la vejez nos llega a todos y hasta nos puede sorprender con una vida vacía. A veces se olvida que la muerte mezquina no perdona y que cuando lo desea, nos lleva o se lleva a seres que jamás aprovechamos para decirles lo importante que son en nuestras vidas. A veces nos quedamos recordando todo el mal que nos han causado. A veces se olvida que todo sirve, lo bueno por bueno y lo malo, para mejorar, para superarse uno mismo día a día. Hay que aprovechar cada instante adquirido, cada cosa brindada... pues la felicidad no esta en un anillo, ni en tener 8 0 12 hijos, ni en tener fortuna o sentirse mas que otros. No esta en tener menos errores, ni en creerse mejor. Está en cada uno de nosotros, en encontrar los valores, saber que cada cosa hay que ganarla con esfuerzo, poniendo dedicación para obtenerla, cuidarla y mantenerla... Está en sentir que somos capaces de mirar hacia atrás y reconocer nuestras propias faltas y perdonar a otros que nos lastimaron, sin juzgar las razones ajenas aun sin entenderlas. La felicidad esta en regalar sonrisas, en brindarnos sin esperar a cambio nada, solo sintiendo la satisfacción de saber que hemos hecho feliz a otro... Porque la felicidad, son esos pequeños momentos en que uno se sienta y disfruta con el alma lo que hace por el prójimo. ...la vida, la bella vida que con sus tragos amargos nos instruye volviéndonos fuertes, haciéndonos más humanos... Esa vida que tiene un equilibrio que nosotros mismos corrompemos o permitimos que lo hagan, tiene principio, pero también tiene un final. Por eso, llenémosla con recuerdos positivos. Que luego de algo malo haya algo bueno, construido por nosotros mismos, sin importar si es grande o pequeño ese recuerdo. Pues eso que contente al alma, será lo que en el frío lecho de la muerte nos mantenga erguidos de orgullo, de paz... ¡La paz de saber que hemos sido seres de bien en nuestro largo camino! d/A.

enero 22, 2010


- Aún no ha venido, espero con impaciencia, -se oyó una voz desgastada en años. - No se apure señor, llegará, seguro, solo hay que esperar. - No creo, -dijo el anciano mirando a los ojos a la enfermera, no creo que venga ya, ya soy un viejo, ya no tengo frescura, ya no tiene motivos para prestarme atención, ya lo he vivido todo, ha estado tanto tiempo lejos de mi, es lógico, se cansó de que no quisiera llamarla nunca, de no querer verla, se cansó de esperar, desapareció de mi vida para siempre. -No diga eso, no se entristezca, por favor, la verá aparecer por ese pasillo, con su carita sonriente, con su melena desordenada, con ese esplendoroso brillo de cielos en su mirada. - No, ya no me queda mucho tiempo más, ya gasté todo el tiempo de su compañía, apenas quedan segundos y todo ya se desvanecerá. - No diga eso, por favor, no sea tan pesimista, quizá esta misma tarde, dentro de un rato la vea. De repente como un vendaval alguien se asomó por la puerta de la habitación:Z - hola, mi lindo viejecito ¿cómo va todo?, ¿qué tal estamos hoy? - ¡es ella!, ¡ella!, ha venido, - dijo el viejo con un hilillo de voz sujetando el brazo de la enfermera… el anciano afianzó su débil vista en ella… la recorrió con su mirada, la desgastó con infantil ilusión.

Ella vestía una chaqueta color verde azulado, vaqueros desgastados rematados en un estrecho cinturón, elegantes botas de punta color marrón con bolso de piel a juego, ajustado, en su cuello, un sedoso pañuelo de tono verde aguamarina, cuidadosamente anudado, pelo recogido hacia atrás por unas gafas de sol y labios pintados con el color de su latente ilusión. -No he podido llegar antes, pero ¡aquí estoy! - ¡Gracias!, gracias por venir dijo el anciano temblando de emoción, gracias por venir, no me has fallado, por fin te viiii!!… las últimas letras cayeron al suelo en silencio mientras cerraba sus ojos para siempre dejando en sus labios una sonrisa de satisfacción. La cara de ella, al notarlo, se estrujó de dolor, de sus ojos brotaron lágrimas suaves que hicieron surcos en su piel. -Llegaste tarde, - se oyó la voz de la enfermera. - ¿Tarde?, ¿qué tratas de decirme? - Que apenas ha podido verte unos segundos… se murió. - No, no, no, no, no hables así, no digas eso, no puede ser, me he dado prisa, apenas me llamó salí corriendo lo dejé todo, vine en cuanto pude. - Pues tardaste demasiado… - repitió con desgana la enfermera. -No creí que estuviera tan al borde de… cuando me llamó me dijo que estaba bien, que me esperaba tranquilamente para charlar un rato, tomarnos una copa, hablar de los viejos tiempos, me dijo que quería darme un beso, que quería verme.

- Pues lo lamento, ya es tarde para esa charla, ya se marchó,- concluyó la enfermera sin variar su tono de voz.- Salgamos, dejemos a los enfermeros que hagan su trabajo. Y aquella figura trajeada de verde con sus labios de entristecida ilusión, salió de la habitación y se alejó con la cabeza baja pensando para sus adentros: cuántas veces deseé que me llamara y no me llamó, cuantas veces paseaba por delante de su habitación y al ver la puerta cerrada, al no escuchar nada no me atrevía a entrar y pasaba de largo… y él en el último momento en ese instante en que ya alguien como yo resulta inútil ¡pensó en mi!, siempre fue tan especial, tan distinto, me llamó, trató de que estuviera a su lado, como si hubiera sido esa fiel compañera que nunca le falló, necesitando que me llamara durante tantos años y en ese último instante… me llamó… y yo… yo apenas llegué para dedicarle una última sonrisa. ¿qué me detuvo? ¿qué me pasó? - inquirió con profunda tristeza y desasosiego la ESPERANZA. Ah, ya lo recuerdo, dijo brotando de ella de nuevo una lágrima de dolor, me encontré con el OLVIDO y me entretuve unos minutos charlando con él, me dijo que había perdido algo, nos pusimos a buscarlo pero nada encontramos, solo sé que me lió, me entretuve con él demasiado tiempo, si hubiera estado menos tiempo con el Olvido… ni tan siquiera supe qué había perdido. - Había perdido la ESPERANZA… porque la necesitaba yo - se oyó una voz dulce surgiendo de los cielos. La Esperanza, mirando al cielo, comprendió y sonrió. Dedicado a toda esa gente que a veces se detiene a buscar en el Olvido lo que solo se puede encontrar en la Esperanza.

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